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Stiutso y Figuerola vuelven

Reinaldo me espera con un café y media media luna. La mañana de Gerona transcurre como muchas otras, solo que hoy hay cierta urgencia en acabar el diálogo. Como buenos exiliados argentinos que somos, lo primero es mirarle las tetas a una morena que habla en portugués por el móvil. Reinaldo levanta las cejas, seguro de que le ha devuelto la mirada irresistible. Él, al igual que yo, piensa que aún hay ciertas cosas a las que ellas no se resisten. Aún con la panza que tenemos, la calvicie, los dientes deformes y manchados, el aliento a podrido, ellas no se resisten. -Las mujeres están alteradas- dispara, pero sé que no es eso lo que lo obsesiona, solo quiere alivianar la carga de lo que me tiene que contar. -Que novedad. -Es que con esto de la liberación femenina y los derechos de la mujer no se puede lanzar un piropo loco. Viniendo para acá pasó un bombón y le tiré un dardo. No sabés como me miró. Levantó los dos dedos del medio en señal desafiante y hasta me insultó. Me dijo algo así co…

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