El virtuoso sistema capitalista




40.000 millones es mucho dinero y con los intereses son cerca de 80.000 millones. Porque esta gente es así, vive de intereses. En realidad, viven de los intereses de los intereses de los intereses. Y viven así porque es muy fácil. No producen nada. Solo se dedican a disfrutar uno o dos de cuarenta mil millones. ¿Quiénes son ellos? No lo sé. Nadie tiene la culpa de nada. Lo único que parece claro es que tengo que dedicar más del cincuenta por ciento de mi salario mínimo inembargable a pagar impuestos. Y que con esos impuestos, si no los pagara, podría pagar un montón de cosas que me hacen falta, como comida, ropa para mí y para mis hijos, gasolina y pasajes. Como tinta para imprimir mis trabajos y tantas otras cosas que no tengo y que me faltan. Sin hablar de un alquiler o de una vivienda digna. Sin hablar de la luz el gas el agua. Con ese dinero que le doy a esta gente podría vivir un poco mejor. No mucho, un poco mejor. Ahí no se termina mi zozobra económica. Resulta que con ese dinero que me quitan del bolsillo casi sin que me de cuenta, porque está en el IVA, en retenciones varias, en impuestos que gravan cada una de las actividades productivas de las que participo sin distinción de raza, origen, sexo o nacionalidad, hacen algo con lo que no estoy de acuerdo. Ese dinero se lo entregana unos seniores cuyos emprendimientos, cuyas ideas de negocio, cuyas propuestas de trabajo y de inserción social, no son viables. Unos seniores que inventaron un sistema en el cual viven de los intereses. De los intereses que genera el dinero que ellos mismos tienen prestado. Alguien les presta dinero, ellos prestan ese dinero y viven de los intereses. Ese negocio no es viable. Porque el dinero que estos seniores no tienen, ni tenemos nosotros, no está generando ningún interés. Ese dinero se está gastando en cosas esenciales. Como el dinero que ellos dicen que prestan y que genera intereses no existe, la viabilidad de todo el sistema se quiebra. Y estos  seniores y yo, que soy su cliente porque les he prestado mi dinero, o les he pedido dinero prestado, lo que al final da igual,  nos quedamos sin nada. Pero ahí no termina la historia de la falta de dinero. Resulta que cuando el dinero de mis impuestos, más del 50 %  de mis ingresos, llega a las arcas de otro senior que dice que me representa a mí y a mucha otra gente, que se autoproclama Estado democrático y de bienestar, ese senior decide devolverle al banquero su dinero, con intereses. Es lo que se denomina Rescate de la Banca. Y esa devolución asciende a 40.000 millones de euros. Ese dinero si es real. Es el hueco, es el déficit que se ha generado porque ese dinero no está y se ha gastado en cosas que no podían dilatarse. Nadie tiene mejor idea que reponerlo desde mi salario mínimo inembargable de 800 miserables euros, que ya es una miseria. El Estado se queda con más del 50 % de eso. Y de los otros 380 miserables euros, como siempre estoy comprando cosas gravadas, se queda con otros 190 miserables euros.  Y ahora, como el sr del Estado que dice que me respresanta maneja ese dinero, el decide que eso va a parar, sumado a lo que se le puede rascar a unos 500 millones de estafados como yo a las arcas de ese senior banquero, cuyo negocio en realidad no existe ni es viable.
Yo, que produzco lámparas de led y me paso el día en la calle innovando y convenciendo a gente para que pague por mis ideas y mis productos, sí estoy produciendo. Yo sí tengo tres hijos que alimentar, facturas que pagar. El dinero que gano no es por intereses y el que gasto no es para prestárselo a alguien. Sin embargo me hacen sentir culpable. Culpable de no poder consumir lo que otro senior que produce en China con mano de obra esclava, me pone delante de mis ojos en las nueve tiendas que están alrededor de mi casa y que son de SU propiedad. Soy tan rata que ni siquiera me puedo comprar una camiseta de cuatro euros. Tengo que hacer algo que no me gusta, una de las virtudes del estado democrático representativo de bienestar. Tengo que pedir prestado. Me siento culpable ,me piden muchos papeles para demostrar que soy inocente, solvente, que aun produzco algo que alguna vez se puede embargar. El senior del banco decide que mis ingresos son estables, que pago regularmente mis impuestos y dice que soy merecedor de un crédito de cuatro euros para comprar la camiseta de cuatro euros propiedad del senior que pronto será también duenio del edificio donde vivo, porque está planeando abrir más tiendas en mi zona. Pronto me desalojarán para poner otra sucursal de ropa barata. El círculo virtuoso de este capitalismo que inventaron los holandeses y  los alemanes y que los espanioles nunca se molestaron en imitar, se habrá cerrado. Habré comprado una camiseta,  me habré endeudado, habré pagado mis impuestos evidentes y ocultos y el senior del banco al que le debo se habrá hecho acreedor de 40.000 millones de euros más intereses. Esa es la justicia que me  proponen y si me quejo, es mejor que me piense muy bien lo que voy a publicar.  Porque estos seniores del banco, del Estado y de la fábrica, acaban de comprar un sistema de filtro informático de datos clave,  que sabe y entiende perfectamente cada palabra que publico y escribo. Así que es mejor que haga silencio, Gran Hermano me está vigilando. De lo que sucede no es consciente nadie. Ningún periodista de un gran medio va a hablar de esto en la prensa escrita o televisiva, porque el Sr de las tiendas y el Slr del Estado y su partido político pagan muchos anuncios, no conviene. Tampoco habrá una manifestación para remediar esta situación, porque todos nos sentimos  culpables de no poder comprar esas camisetas tan económicas, si el Estado de Bienestar realmente nos da tantas cosas que nos hacen felices, a esta la dejamos pasar. Además, mejor tengamos cuidado. Mi nombre está registrado en todas las bases de datos de todas las aseguradoras, de todas las empresas telefónicas, sin hablar del sistema de crédito centralizado. En los cajeros me filman, en la calle policías de civil y de uniforme me vigilan. Mejor no me busco problemas con nadie. Sigo con mi rutina de ir al trabajo, que no es ni estable ni me gusta pero me permite producir los 800 miserables euros. Así estos seniores que prestan dinero y los que administran mis impuestos pueden seguir rascando ese poquito que sumado a muchos otros hace un volumen considerable. Al menos pueden en unos meses devolver los 40.000 millones como para que el virtuoso sistema siga en pie. Con eso tampoco habrá terminado la historia, todavía faltarán los 40.000 millones adicionales de intereses que son el verdadero negocio y que nadie tiene ni idea de donde están ni cómo se van a producir.

40.000 millones es mucho dinero. Actuar sin responsabilidad es fácil. Lo difícil es asumir la conciencia, la presencia y el compromiso con lo que ese dinero representa para millones de personas que se ven perjudicadas por decisiones erróneas e irresponsables. Si los proyectos de empresa de estos seniores que se dicen ser nuestros representantes, de estos seniores a los que también les pagamos en parte con nuestros impuestos los estudios para que ocupen un cargo jerárquico en una institución de prestigio no son viables. Si no existe alguien que pueda visualizar a los culpables entonces la culpa es de todos, algo tiene que cambiar en la forma de administrar esos enormes recursos perdidos, esos agujeros negros que ellos mismo han generado y ahora quieren recuperar con el esfuerzo de quienes han perjudicado en primer lugar. Escuelas, hospitales, familias, refugiados, gente sin vivienda, enfermos mentales, discapacitados, gente sin trabajo, calefacción, energía renovable, investigación para el desarrollo, países que necesitan infraestructura y elementos de supervivencia, aportes para la paz, arte, cultura, teatro, música, letras, fomento del deporte y de la vida sana, viviendas para recreación, parques de juegos, vías verdes, recursos directos para familias con gente sin recursos, asignaciones por hijo. Suponiendo que estos seniores creen en la libre empresa tal y como pregonan, podrían armar un fondo para dotar de recursos a ciudades inteligentes, para formar emprendedores, para la creación de software o soluciones que permitan a millones de personas tener un trabajo digno, resolverles problemas a sus vecinos a clientes que pueden beneficiarse con inventos nuevos, innovaciones, creatividad. Se podrían crear centros cívicos donde jóvenes adictos a las drogas se desintoxiquen y aprendan a manejar su frustración y la violencia. Se  podría erradicar la violencia de las ciudades brindando recursos productivos a herramientas a familias y jóvenes sin esperanza. Se podría armar una red de integración de los inmigrantes, de formación en actividades útiles a esta sociedad. Se podría adecuar el conocimiento de personas que vienen con bagajes interesante y útiles de otras sociedades. Se podrían reconvertir viviendas vacías en viviendas dignas para gente que no puede pagar un alquiler. O simplemente, ese dinero se le podría devolver a la gente para que haga con ello lo que le parece, en libertad. Solo con esa acción se reactivaría la economía porque se activaría el consumo.  Es la gente, la democracia, la población, la que de ahora en más debe hacerse cargo de ver que hacer con sus propios y valiosos aportes a un sistema que ha dejado funcionar y de tener sentido en manos de los que viven del humo de las ilusiones y de los intereses. 

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